La Bélgica dividida como semilla de reconciliación

Las razones por las que la Unión Europea decidió sentar sus bases en Bruselas no están del todo claras. Para quien conozca más o menos de cerca la historia de Bélgica como nación independiente le puede parecer incluso extraño, por decirlo menos. Cuando Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo formaron la Unión Europea Occidental, el primer esbozo de la Unión Europea, decidieron que Bruselas, la capital belga, se convertiría en la sala de operaciones diplomáticas de la incipiente Europa unida.

Bruselas: sede del Parlamento Europeo

Lo irónico es que se haya elegido a un país dividido como epicentro de la reconciliación. Para no hablar de estado fallido, el ex primer ministro belga, Yves Leterme, lo definió como “un accidente de la historia”. Desde que se independizara del Reino Unido de los Países Bajos en 1830, existían dos facciones revolucionarias: los valones, francófonos del sur, y los orangistas, flamencos del norte, que aspiraban a volver a entablar relaciones con el gobierno de Ámsterdam. Pese a que la gran mayoría de la población hablaba neerlandés, la nueva Bélgica, secuestrada por la burguesía, se inclinaba por el francés como lengua oficial. Así, desde entonces, el país se ha mantenido fracturado entre flamencos, valones y una minoría de germanófonos en el este, con Lieja y Verviers como banderas.

La capital del Parlamento Europeo, oficialmente bilingüe pero cada vez más afrancesada, ha tomado un punto de distancia respecto a Flandes, lo que no deja de ser un contrasentido peligroso para una nación que ostenta el récord de más días consecutivos sin gobierno (541, entre 2010 y 2011) y en más de una ocasión ha estado al borde de la desaparición.

La arquitectura de Bruselas y su protagonismo

Accidente o no accidente, los iniciadores de la UE eligieron un gran lugar como sede. Bruselas muestra una imponente historia a través de una detallada cultura europea, donde se puede ver a simple vista numerosos rasgos bien marcados, como lo son la arquitectura, el arte, y la gastronomía. Hoy nos detendremos a observar más de cerca a la poderosa arquitectura de la zona.

Lo primero que se puede ver al llegar a la ciudad son los icónicos tejados belgas, con diferentes formas escalinatadas, colores y tamaños. Seguido de preciosas fachadas con ventanas enmarcadas de vibrantes colores y diseños nórdicos, las que te llevan a estar dentro de un cuento encantado como los de la infancia.

Podemos observar que la arquitectura de esta localidad y sus estructuras, al igual que la de otras ciudades de Bélgica, como Brujas y Gante, están construidas unas al lado de las otras, en un orden casi musical y teatral, donde los edificios están en serie y te invitan a observar como si fueran modelos en vitrina sus coloridas fachadas y diferentes tejados. No están separadas como en los suburbios, sino que se mantienen juntas como si fueran hermanas. Si miras más de cerca incluso puedes encontrar algunas que están chuecas, ya que, con el paso de los años, la estructura decae, pero al ser pareadas y buenas hermanas se apoyan unas con la otra evitando el derrumbamiento.

Siguiendo el recorrido por Bruselas a través de pintorescas calles, con atractivas vitrinas de dulces y chocolates, caminos de adoquines y faroles bordeándolas, podremos dirigirnos al atractivo principal de esta encantadora ciudad: Grand Place.

La Grand Place o Plaza Mayor, es el punto principal de la ciudad, una de las zonas más fotografiadas de toda Bélgica, e incluso de toda Europa, no por ser la sede de la UE sino por su imponente exhibición arquitectónica, hoy considerada como Patrimonio de la Humanidad.

Un conjunto de potentes estructuras con marcados estilos del neoclásico que encierran en un rectángulo la principal zona de reunión y comercio de la ciudad. La construcción de estos edificios data del siglo XVII y el que más destaca es el propio Ayuntamiento de Bruselas, con su blanca estructura, puntiagudas torres y precisos tallados en toda su composición. A este le siguen el Hotel de Ville, el hogar de los monarcas Maison du Roi (actualmente convertido en museo), Maison des Ducs de Brabant, Le Pigeon, Le Renard, Le Cornet, Le Roy d´Espagne. Todos componen una ceremonial seguidilla de arte y arquitectura histórica, más aún en la noche cuando se iluminan y destacan sus más altivos rasgos y diferentes facetas que en el día no muestran, un lugar al que no puedes dejar de ir.

Artículo escrito por Ricardo y Fernanda.

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